CHISPAZO/Felipe Guerrero Bojórquez

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CHISPAZO/Felipe Guerrero Bojórquez
EL PODER QUE PIDE APAGAR LA TELEVISIÓN

Hay una línea muy peligrosa entre responder a una crítica y utilizar el poder presidencial para intentar castigarla. Y Claudia Sheinbaum cruzó esa línea cuando desde Palacio Nacional llamó públicamente a la gente a no ver TV Azteca.
No se trató de una aclaración institucional ni de un debate democrático. Fue un exhorto político desde la máxima tribuna del país contra un medio de comunicación que es crítico del régimen. Una irritada solicitud para bloquearlo y a eso se le llama boicot. En cualquier democracia seria esto no ocurre y, en nuestro país, al menos debería preocupar.
Un gobierno puede desmentir, debatir, responder o incluso exhibir errores periodísticos. Lo que no debería hacer es utilizar el peso de la investidura presidencial para promover el boicot contra una empresa informativa por su línea editorial.
Eso revela intolerancia, autoritarismo ¿ o debilidad?
Los gobiernos sólidos, seguros del apoyo popular, soportan la crítica. Los inseguros reaccionan con enojo frente al cuestionamiento. Necesitan aplausos permanentes y convierten cualquier disenso en una agresión política. Por eso su narrativa se sustenta en la descalificación permanente, en la acusación irresponsable y en el invento de enemigos para justificar que por eso se le cuestiona, no porque se equivoca.
El problema no es únicamente TV Azteca. El problema es el mensaje de fondo: todo aquel que critique a la 4T termina siendo colocado en el bando de los enemigos. Periodistas, intelectuales, organizaciones civiles, jueces o ciudadanos críticos son vistos no como voces legítimas, sino como adversarios que deben ser desacreditados.
Ese es un rasgo típico de los proyectos hegemónicos: dividir al país entre fieles y traidores. Son regímenes donde la libertad de disentir se convierte en un monstruo al que hay que destruir porque atenta contra esa entelequia llamada pueblo, algo que no existe de manera homogénea desde la perspectiva sociológica y política.
Igual, la democracia no existe para proteger gobiernos de las críticas. Existe precisamente para garantizar el derecho a cuestionarlos.
Por eso resulta delicado que, en medio de un país golpeado por la violencia, la corrupción y las sospechas sobre figuras del oficialismo, el poder decida confrontar a los medios en lugar de responder al fondo de los señalamientos.
Preocupa mucho la conducta de la presidente Sheinbaum. Y es que cuando un gobierno empieza a decirle a la gente qué medio debe dejar de ver, la advertencia ya no es sólo para una televisora. Es para todos los que se atrevan a incomodar al poder. Sobre todo a ese poder autócrata que protege sin reserva alguna a los suyos, y declara enemigos a quienes se atreven usar su derecho constitucional para cuestionarlo..

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