CHISPAZO/ Felipe Guerrero Bojórquez

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CHISPAZO/ Felipe Guerrero Bojórquez
ENTRE LA COARTADA OFICIAL Y LA EXTRADICIÓN
Cada vez surgen más indicios de que el gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha, podría ser extraditado a Estados Unidos. Y aunque Omar García Harfuch asegura que no existen evidencias de vínculos entre el mandatario y el crimen organizado, la Fiscalía General de la República, presionada por el vecino país, anuncia la reapertura de carpetas y el inicio de nuevas investigaciones.
La pregunta es fundamental: ¿pretenden exonerarlo y devolverlo al gobierno de Sinaloa, o buscan procesarlo en México para mantenerlo aquí, evitar su extradición e impedir que los fiscales estadounidenses obtengan más información?

Con sus declaraciones, García Harfuch parece enviar el mensaje de que la presidenta Claudia Sheinbaum sigue defendiéndolo a capa y espada, exigiendo pruebas, pruebas y más pruebas. Sin embargo, a través de la FGR se proyecta exactamente lo contrario: no solo que ya se le investiga, sino incluso que estaría bajo resguardo en algún punto de Culiacán. ¿Revivirán las carpetas sobre la extracción de El Mayo Zambada y el asesinato de Héctor Melesio Cuén en Huertas del Pedregal, el video-montaje de la fiscalía local, que Rocha estaba invitado a la reunión y lo de su viaje a Estados Unidos? Todo esto que al final, desde hace casi dos años, provocó la guerra entre Chapitos y Mayos.

Contrario a lo que declaró sin el menor rubor, si alguien conoce las ligas entre la estructura gubernamental y los poderes fácticos en Sinaloa, es precisamente Omar García Harfuch. Pero antes de la solicitud de extradición de Estados Unidos contra Rocha, para el gobierno federal la guerra en el estado se reducía a una confrontación entre Mayos y Chapitos, nunca a un problema político, y menos aún a uno de dimensión internacional como el que hoy ha adquirido.

Resulta insostenible presumir una súper unidad de inteligencia y, al mismo tiempo, sostener que “Pepe el Toro es inocente”; que no ha percibido, visto ni sospechado de las ligas entre el gobierno de Sinaloa y el crimen organizado. Evidentemente, Harfuch tiene instrucciones para decir lo contrario, para apechugar aunque nadie le crea, porque admitirlo equivaldría a reconocer que durante todo este tiempo el gobierno de Claudia Sheinbaum se dedicó a proteger a Rocha y, por tanto, a los ojos de los estadounidenses, se convertiría en cómplice. O bien, hasta el final, aferrarse a la tesis de que el gobernador con licencia no tiene responsabilidad en lo que se le acusa, y debe regresar a su cargo.

¿Y qué ha detectado la unidad de inteligencia de García Harfuch en Sinaloa? Lo mismo que en buena parte del país: que los cárteles no operan plenamente sin complacencia, omisión o protección desde el poder. En unas regiones más, en otras menos, pero en Sinaloa los vínculos se cuecen aparte, porque la cohabitación entre crimen y esfera institucional ha sido demasiado evidente.

No se trata solo de espacios cedidos, sino de grandes negocios que han salido a la luz mediante licitaciones amañadas, compras opacas y redes de proveeduría donde se entrecruzan empresas familiares, socios políticos y prestanombres. No son pocas las investigaciones periodísticas que lo documentan.

A ello se suma lo que ciudadanos y funcionarios ven y padecen a diario: extorsiones convertidas en moches y amenazas; venta indiscriminada, a toda hora y en distintos espacios, de productos ilegales; y el desplazamiento constante de jóvenes dedicados al halconeo. Entonces, ¿dónde está la inspectoría honesta? ¿Dónde están los funcionarios de primer nivel de Inspección y Normatividad? ¿Dónde las policías de todos los órdenes de gobierno? ¿Dónde está el sistema, el método, la inteligencia de Harfuch, de la Marina y del Ejército? Sobre todo, ¿dónde está el secretario de Seguridad Pública federal, que sin el menor recato afirma no haberse dado cuenta de la comisión, omisión o complacencia del gobierno de Sinaloa frente a los poderes fácticos?

Si Omar García Harfuch habló así para descargar responsabilidad a la presidenta Sheinbaum, el descrédito se impuso de inmediato. Pero si lo hizo para encubrir la realidad que vive Sinaloa, el resultado es el mismo, solo que al descrédito se suman la desconfianza y la sospecha se vuelve más sólida.

Y luego se acusa de traidores a la patria a quienes sostienen que los verdaderos enemigos de México están en el poder, y que la única salida visible está en la decisión de Estados Unidos de ir, principalmente, contra los narco políticos. Ahí está el video viral de las indígenas de la sierra baja y la montaña de Guerrero, que piden la intervención directa del país vecino para poner fin a la narcoviolencia en la región. Y no es un asunto estricto de la derecha o de los conservadores, es la idea, el sentimiento genuino, nos guste o no, de mucha gente que ya no haya la puerta y que está convencida que desde fuera les llegará su salvación.
Hasta dónde hemos llegado.

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