
CHISPAZO / Felipe Guerrero Bojórquez
SINALOA: VACÍO DE PODER; ROCHA EN LA SOMBRA
Los días pasan y Sinaloa sigue paralizado. La violencia no cede, la economía se hunde, los negocios cierran y el empleo retrocede.
La entidad permanece a la buena de Dios porque quienes quedaron al frente del gobierno no gobiernan: obedecen. Son incondicionales que no mueven un dedo si no reciben instrucciones. Nada cambia, pese a la cascada de señalamientos que estalló tras la solicitud de licencia de Rubén Rocha.
Los rochistas de hueso colorado, sobre todo los del primer círculo, sostienen que su jefe volverá porque la Fiscalía General de la República lo declarará inocente de los cargos ventilados desde Washington. Por eso siguen inmóviles, como si afuera cayera una llovizna y no un huracán categoría cinco.
Y mientras Sinaloa arde, la presidenta Claudia Sheinbaum insiste en defender lo indefendible: a Rubén Rocha Moya, pero no a Sinaloa. Aunque dice respaldar al estado, sus palabras y su postura cuentan otra historia. Llegó incluso a insinuar que quien no crea en la inocencia del gobernador con licencia está del lado del imperio. Nomás le faltó llamar traidores a la patria a los miles de sinaloenses que, desde hace más de un año, rechazan al gobierno estatal.
“Pruebas, pruebas, pruebas”, repite la presidenta. Y las pruebas están surgiendo de todos lados, pero la FGR no las atiende. «Pruebas, pruebas, pruebas», se sigue escuchando desde el púlpito. Una cantaleta impropia de la investidura de un verdadero jefe de Estado.
Hace dos entregas preguntamos en este espacio dónde estaba Rocha. Y la pregunta sigue vigente. No se trata de morbo ni de especulación, sino del legítimo derecho ciudadano a saber. Hablamos de un gobernador con licencia, no de un personaje cualquiera. De alguien que se ausentó del cargo y que tendría que informar con claridad si regresará o no.
¿Qué condición tiene hoy Rubén Rocha? ¿Desaparecido? ¿Arraigado? ¿O simple y llanamente la de un ciudadano sin fuero que enfrenta acusaciones? El hecho es uno: nada se sabe de él, pese al manto de protección que el gobierno federal dice haber tendido sobre su persona.
La otra pregunta tampoco es ociosa: ¿tiene o no tiene problemas Rocha con el narco? Ahí están los señalamientos de Los Mayitos, que lo acusan de traidor y de haber participado en el complot para entregar a Estados Unidos a Ismael “El Mayo” Zambada. Ahí está también el atentado a balazos contra la casa que habitó durante años como maestro y rector de la UAS. Un mensaje inequívoco. Una amenaza abierta contra él y su familia.
Plantearlo no es ingenuidad. Es atender una hipótesis real. Solo que aceptarla resultaría incómodo para Sheinbaum, porque implicaría reconocer que el gobernador con licencia podría estar ligado al hecho que desató la guerra que en Sinaloa está por cumplir dos años.
En la mañanera del lunes, la presidenta aseguró que Rocha estaba en Sinaloa y que “ya él mismo podría informar, o las otras nueve personas, dónde están; pero no hay esta cosa de ‘¿y ahora dónde está?, ¿se escapó?’ y quién sabe qué tanta cosa”.
También dijo que en redes sociales hay “mucha propaganda y mucha mentira” en torno al caso, y llamó a confiar en la información oficial. Pero, ¿quién puede creer en una versión oficial que se esconde o simplemente no existe?
Mientras tanto, los sinaloenses siguen pagando los platos rotos de un régimen federal incapaz de conciliar y negociar, con los ciudadanos representativos, el destino de su propia tierra.
Eso, por supuesto, no cabe en la lógica de un Estado concentrador y autoritario.

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