CHISPAZO/Felipe Guerrero Bojórquez

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CHISPAZO/Felipe Guerrero Bojórquez
SINALOA: EL ATAQUE DESDE LA MAÑANERA

Es una infamia y una bofetada para los sinaloenses que desde la Presidencia de la República se pretenda maquillar, minimizar y manipular la tragedia que vive Sinaloa a punta de cifras alegres, propaganda ideológica y discursos de fantasía.
Primero defienden al ex gobernador Rubén Rocha como si se tratara de la muerte del régimen, y luego atacan a los sinaloenses. A eso se le llama ruindad.
Mientras la sociedad vive entre ejecuciones, desapariciones, robos, extorsiones, cierre de negocios, desempleo y miedo colectivo, el régimen responde como siempre: negando la realidad y acusando de “politiquería” a quienes se atreven a denunciarla.
La nueva operación propagandística encabezada por Luisa María Alcalde recuerda los viejos tiempos del PRI más burdo: funcionarios hablando de crecimiento económico y reducción de violencia mientras la población vive exactamente lo contrario. Una funcionaria federal que apenas dejó la dirigencia nacional de Morena apareció en la mañanera para desmentir a empresarios y organismos sociales de Sinaloa, asegurando que la economía estatal creció 4.2 por ciento y que los homicidios disminuyeron hasta en un 62 por ciento.
Pero el problema no son solamente las cifras infames. El problema es el insulto implícito que representan para una sociedad lastimada.
Mientras el gobierno presume indicadores, miles de familias viven la otra estadística: la del negocio que cerró, la del trabajador despedido, la del comerciante extorsionado, la del estudiante que ya no puede salir tranquilo, la de la madre que llora a un hijo desaparecido o asesinado.
Por eso la respuesta de COPARMEX y de diversos organismos ciudadanos fue contundente. La dirigente, Martha Elena Reyes Zazueta, exhibió lo que en el fondo molesta al régimen: que alguien contradiga su narrativa oficial. Y lo dijo con claridad: el gobierno se concentra en los números, pero no en las víctimas. Ahí está el fondo del asunto.
La llamada Cuarta Transformación ha construido un modelo político donde los ciudadanos dejaron de existir como sujetos legítimos de reclamo. Para el régimen, toda crítica proviene de la derecha, de conservadores, de vende patrias, de enemigos políticos o de campañas “orquestadas”. Nunca de una sociedad cansada, aterrorizada y desesperada.
Ese es el verdadero drama nacional: un gobierno incapaz de escuchar porque vive atrapado en una narrativa ideológica donde todo debe encajar en la lucha eterna entre ellos los «buenos» y los «adversarios» los «malos».
Y es aquí, bajo esa visión chata y egoísta, cuando emerge lo absurdo.
Los empresarios denuncian cierre de negocios y el gobierno responde con estadísticas del Inegi.
La sociedad habla de miedo y el régimen presume estabilidad y hasta de inversión extranjera.
Los ciudadanos reclaman seguridad y desde Palacio Nacional contestan con propaganda cercana al paraíso.
Como si el problema de Sinaloa fuera de percepción y no de realidad. Como si bastara reacomodar cifras de homicidios, manipular clasificaciones o administrar cuentas alegres para borrar el horror cotidiano. Cuando se gobierna con ideología, la propaganda desplaza a la verdad, a la honestidad, a la transparencia y a la solidaridad.
La tragedia sinaloense no se resuelve maquillando estadísticas en una conferencia mañanera. Se resuelve recuperando las calles, garantizando seguridad, reconstruyendo la confianza, inyectando recursos a la inversión y a la producción local, y defendiendo a una sociedad que hoy se siente abandonada.
Pero el régimen de la Cuarta Transformación parece más preocupado por defenderse así mismo, que por defender a Sinaloa. Y eso, además de irresponsable, es profundamente miserable.

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