
CHISPAZO/Felipe Guerrero Bojórquez
CLAUDIA ABRE CAMPAÑA ELECTORAL ACUSANDO A TRUMP Y A LA «DERECHA».
*Cómo todo es «político», acusa a EU de no presentar pruebas y en consecuencia exenta y protege abiertamente a Rocha.
Claudia Sheinbaum se abrió de capa. Ya no hubo rodeos ni matices diplomáticos. La presidenta definió con absoluta claridad el verdadero espíritu de la reforma electoral impulsada por Morena: impedir —según dijo— que “Washington elija a nuestros gobernantes”. Es decir, dio el banderazo de inicio de campaña en México.
Así de abierto el tiro contra la oposición en México y contra el gobierno de Estados Unidos.
La mandataria convirtió las solicitudes de extradición contra Rubén Rocha, Enrique Inzunza, Juan de Dios Gámez y otros funcionarios, no en un asunto judicial, sino en un conflicto político y geopolítico. En pocas palabras: para Palacio Nacional, el problema ya no son los señalados, sino los que los señalan.
Y ahí está el fondo delicado del discurso presidencial.
Porque Sheinbaum prácticamente desacreditó cualquier posibilidad de que los morenistas requeridos por Estados Unidos tengan vínculos con el narcotráfico o con estructuras criminales. El mensaje fue directo: todo forma parte de una estrategia de injerencia estadounidense rumbo a las elecciones de aquel país y también rumbo al 2027 en México.
Pero entonces emerge una pregunta lógica: ¿también es “injerencia” lo que viven diariamente los sinaloenses?
¿Son propaganda extranjera las balaceras, los asesinatos, los desplazamientos, el miedo permanente y la economía destrozada en Sinaloa?
Porque para exigir pruebas a Washington, primero habría que escuchar las que todos los días grita la realidad de los sinaloenses, no esa abstracción llamada ultraderecha o conservadores, utilizada para arrebatarle la voz a los ciudadanos que padecen la atroz complicidad entre gobierno y grupos de facto. ¡Mira, qué a toda madre!
Resulta difícil creer que el gobierno federal desconozca cómo se integró el gabinete de Rubén Rocha, cuáles son sus compromisos políticos, quiénes operaron financieramente al régimen o qué expedientes existen dentro de las propias áreas de inteligencia mexicanas. García Harfuch y los mandos militares seguramente saben bastante más de lo que públicamente se admite.
Por eso también resulta complicado sostener que todo responde únicamente a intereses electorales de Donald Trump.
Más aún cuando dos piezas clave, como el general Gerardo Mérida Sánchez y el ex secretario de Finanzas Enrique Díaz Vega, terminaron entregándose voluntariamente a autoridades estadounidenses. Nadie se entrega por deporte. Mucho menos cuando sabe que hablar puede costarle la vida de este lado de la frontera.
La presidenta insiste en que México no aceptará subordinaciones. Y tiene razón: ningún país soberano debe aceptar imposiciones extranjeras.
El problema surge cuando el discurso soberanista empieza a parecerse peligrosamente a un escudo político de protección interna. Una cosa es defender la soberanía y otra utilizarla como blindaje narrativo para desactivar investigaciones que no convienen.
Sheinbaum sostiene que no encubrirá corrupción ni colusión criminal. El tiempo nos dirá si esa frase termina convertida en principio constitucional que debe cumplirse, o en una simple consigna de plaza pública, con acarreados pagados con nuestros impuestos.
Y mientras eso ocurre, el régimen de Trump seguramente ya toma nota.
Porque después de las acusaciones cruzadas, de los agentes muertos en Chihuahua y de las extradiciones en puerta, la relación bilateral dejó de moverse únicamente en el terreno diplomático. Entró de lleno al territorio de la presión política, la seguridad y la desconfianza mutua. Y ahí, el problema para México ya no es solamente Washington. El problema es cuando desde dentro se pretende convencer al país de que todo es culpa de afuera.
Lo cierto es, que Claudia Sheinbaum, en su discurso de ayer, dijo abiertamente que Trump anda en campaña y que parte de su estrategia electoral era la amenaza de injerencia en México para ganar bonos. Claro, se vio a leguas, toda la trama discursiva de la mandataria se centró en dar el banderazo de arranque hacia las elecciones del 2027, arengando a los morenistas para que desde este momento inicien las asambleas informativas en todo el país, y convenzan a la gente que lo mejor que le ha pasado a México es la Cuarta Transformación.

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