CHISPAZO/Felipe Guerrero Bojórquez

CHISPAZO/Felipe Guerrero Bojórquez



CHISPAZO/Felipe Guerrero Bojórquez
CONTRA LA REALIDAD: ATRINCHERARSE EN EL DISCURSO.
La Presidente Claudia Sheinbaum se volvió a subir al templete de la narrativa oficial y lo hizo con un discurso duro, ideológico, perfectamente ensamblado para la liturgia de los seguidores de la Cuarta Transformación.
¿Por qué regresar a la narrativa más dura del obradorismo? Porque cuando el régimen siente que empieza a perder el control de los hechos, intenta recuperar el control de las emociones.
Llega un momento en que ningún slogan alcanza para eludir el olor y el ardor del humo de un país que se incendia. Y quizá por eso el oficialismo necesita discursos cada vez más largos, más duros y más patrióticos.
Y eso fue lo que hizo precisamente la presidente Claudia Sheinbaum este fin de semana en su gira por Yucatán. Un discurso en donde el pasado fue corrupción, el presente es redención y el futuro pertenece a los fieles. Una pieza oratoria diseñada no para explicar la realidad, sino para combatirla, reducirla y evitarla a base de verbo propagandístico.
Ahí estaban otra vez las frases de siempre: “no robar, no mentir, no traicionar” aunque los hechos tercos digan todo lo contrario; ahí está el cliché de la soberanía amenazada, cuando la pregunta es:¿Por quién?: ¿Por los carteles y los narco políticos, por Estados Unidos o por ambos? El verbo presidencial culpando a los conservadores de acecho; de promover el intervencionismo extranjero; la narrativa de la presidente poniendo en el centro la justicia social y agitándola como bandera moral; Sheinbaum desde el templete pontificando al movimiento de la 4T, alentando su misión histórica, llamando a defender con devoción religiosa sus principios, esos de la izquierda radical que han sido un fracaso en América Latina por su tendencia autoritaria, y porque su razón de ser es empobrecer a la sociedad. Esa izquierda arcaica y ortodoxa que aborrece el desarrollo y la prosperidad de la gente y todo lo que venga desde la sociedad civil.
Pero mientras el discurso avanza entre aplausos y consignas de quienes forman parte de la estructura del poder, el país real se asoma por entre las grietas de la desgracias. Ahí, ya fuera del escenario desmintiendo a la propaganda, hay fosas, ejecuciones, desaparecidos, extorsiones, desplazados y regiones enteras donde el crimen organizado impone sus reglas, define tiempo y espacio: horarios y fronteras. Afuera del discurso lo que hay es una canasta básica cada vez más cara, hospitales sin medicamentos, empresarios paralizados por el miedo, una economía que empieza a resentir el desgaste de la incertidumbre y una clase política insensible, corrompida e impune.
La narrativa oficial insiste en que todo lo malo pertenece “al pasado neoliberal”. Como si el 2018 hubiera sido una especie de exorcismo histórico, de absolución divina, donde automáticamente desapareció la corrupción, los pactos oscuros y la impunidad. Pero la realidad es más terca que la propaganda y que la mula de don Teófilito.
Porque hoy ya no sólo existen investigaciones periodísticas nacionales e internacionales. También aparecen expedientes, señalamientos y solicitudes provenientes de Estados Unidos contra figuras cercanas al poder. Ahí está el caso del gobernador Rubén Rocha Moya y los rumores cada vez más persistentes sobre listas que incluirían gobernadores, legisladores, funcionarios federales y operadores políticos presuntamente ligados a estructuras criminales.
Y frente a eso, el régimen responde como siempre responden los proyectos atrapados por su propia narrativa: levantando más fuerte la voz para opacar los lamentos, las quejas, el llanto impotente, los gritos, la exigencia ciudadana. Ahora, gobernar manteniendo a raya la inconformidad de la gente no es fácil; lo que queda entonces es convencer a los creyentes endureciendo aún más el sermón antes de que también empiecen a recular y antes de que la feligresía más chaira empiece a dudar de la honestidad y la calidad moral de sus misioneros. Por eso el no robar, no mentir y no traicionar regresa para poder darle fuerza al dicho de que todo cuestionamiento al régimen es traición; que toda crítica es conspiración y que cualquier actitud vacilante favorece al enemigo.
El régimen ha optado por radicalizarse, por ahondar en la polarización de suya vulgar, en lugar de tomar la ruta de la autocrítica y la reconciliación nacional. No es esto último su modelo, sino el de la concentración del poder. Por eso apela a su concepto de soberanía y de traidores para blindarse de la crítica interna y de los expedientes, presiones y alertas provenientes del extranjero. Efectivamente, mientras el régimen se presume con autoridad moral, el crimen organizado se consolida como un poder paralelo que, ni de lejos, ha desaparecido mucho menos ha sido derrotado. Y mientras se repite que “el pueblo está feliz”, millones de mexicanos sobreviven entre el miedo, la inflación y el desencanto.
De aquí en adelante la estrategia electoral del régimen lo obliga a diseñar un discurso cuyo centro de distribución será la mañanera, en voz de la presidente Claudia Sheinbaum. Una narrativa cada vez más larga, más sistemática, más dura y más patriótica. Se trata de denunciar, exhibir y deslegitimar toda crítica contra al régimen que provenga de los medios de comunicación, de sectores inconformes, de intelectuales, dirigentes, de la propia gente y de la oposición formal. Todos los que no están conmigo están contra mi, por lo tanto, son injerencistas, enemigos del pueblo y traidores a la patria. ¿Le funcionará a Claudia esta desgastada narrativa como le funcionó en su momento a López Obrador?

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