
CHISPAZO / Felipe Guerrero Bojórquez
AIFA: explosión, silencio… y lo que no cuadra
La escena es precisa: una camioneta sale del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, toma la México-Pachuca y, a pocos kilómetros, estalla. Dos muertos. Uno de ellos, identificado como “El Payín”, operador de alto nivel del Cártel de Sinaloa, facción de la Mayiza. El hecho da mucho de qué hablar. El aeropuerto también. Y el momento ni se diga.
Han pasado tres días y la autoridad sigue instalada en la ambigüedad, porque no se investiga la causa inmediata de las muertes, es decir la explosión, sino el origen de la misma. ¿Qué detonó realmente el vehículo? ¿Un accidente? ¿Una falla? ¿O un atentado?
La versión que se ha dejado correr es que al interior del vehículo estalló una granada, lo que parece más un recurso de contención que una conclusión técnica. Y es que aceptar esa hipótesis implica creer que dos operadores experimentados en el uso de explosivos murieron por torpeza. Sin duda esta línea sería una salida conveniente, pero poco sólida. Tan poca sólida que la granada deja huellas evidentes, esquirlas por todos lados, que no es difícil establecer una hipótesis a primera vista.
El punto de quiebre está en otra parte, es decir en el contexto. Veamos: un aeropuerto internacional. Un país que se prepara para un evento global como el Mundial. Una industria turística que resentiría un duro golpe. Y un Estado que sabe que la palabra “narcoterrorismo” no es sólo una categoría jurídica: es una detonación geo-política y económica. Y la menos conveniente en este momento…y en otro.
Si lo ocurrido fue un atentado, si hubo un artefacto colocado, activado o dirigido contra esos objetivos, entonces el mensaje es claro y preocupante porque estaríamos hablando de que el crimen organizado no sólo disputa territorios, sino que ahora utiliza métodos que lo vuelven más peligroso, y que escalan el conflicto de frente a sus adversarios internos y al propio Estado. Y eso entonces cambia todo. Cambia la narrativa, cambia la percepción internacional y cambia el riesgo, a tal grado que los vecinos del norte fortalecerían su justificación, sus planes, para concretar su amenaza intervencionista.
De ahí la investigación cuidadosa para buscar la cuadratura y la credibilidad. La relativa tardanza tiene más que ver con el cálculo que con la incapacidad técnica.
Nombrar lo que ocurrió implicaría aceptar que, en las inmediaciones de un aeropuerto, con todo lo que eso significa en términos de seguridad nacional, pudo haberse ejecutado una acción con características propias del terror. Y en ese terreno, México no sólo se enfrentaría a sus grupos criminales: también al mundo.
Por eso la investigación avanza, pero el informe de los resultados se contiene, se mide, se dosifica para que el tiempo juegue su papel: diluir el tema.
Mientras tanto, quedan en el aire las preguntas normales ante un hecho de esta naturaleza. ¿ Fue Accidente o mensaje?
¿Fue error o ejecución? O fue un acto bajo un método extremo que, al final, tanto a los grupos fácticos como al Estado, los compromete aún más ante el régimen de Trump.
Lo que sea: Un vehículo explotó con dos hombres dentro, que murieron. Pero aquí lo que hasta ahora no se ha dicho es la causa del hecho, lo que pesa más que la explosión misma.

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