CHISPAZO.


CHISPAZO.
MARCELO Y MONREAL NO ROMPERÁN CON AMLO: MÁS QUE LEALTAD, LE TIENEN PÁNICO.
Felipe Guerrero.

Ni una sola de las corcholatas rompería con el proceso interno de MORENA porque equivaldría a enfrentarse al Presidente López Obrador, a quien tienen terror. Al menos Adán Augusto López y Claudia Sheimbaun no lo harían por cierta lealtad. Pero Marcelo Ebrard y Ricardo Monreal no se atreverían por miedo, porque ganas no les falta.

Ellos saben que AMLO es capaz de todo, hábida cuenta que expedientes sobran para tratar de desbarrancarlos con justicia o no. No les sería fácil revertir los ataques, pues con mayor razón el aparato de Estado actuaría sin compasión porque el Presidente se sentiría traicionado.

Contrario al fenómeno de Xochitl Gálvez, quien salió respondona y hasta ahora se ha batido al tu por tu contra el poderío de López Obrador. Ella si es una legítima adversaria y el Presidente no dimensionó que la haría crecer al grado de representar ahora un peligro para su proyecto de continuidad. De ahí la furia presidencial y el uso impío y a fondo de las instituciones porque creyó que de una vez por todas la iba a destruír. No ha sido así por su buena defensa jurídica y porque a AMLO le falló apoderarse del Poder Judicial; de lo contrario la historia sería otra.

Regresando a las corcholatas, principalmente a Ebrard y Monreal quienes dentro de su margen mantienen una imagen de hombres más tolerantes y abiertos dentro de MORENA, la historia los consignará como mexicanos que prefirieron someterse a la imposición férrea del Presidente y, de ese modo, no mostrar el valor suficiente para luchar democraticamente, quizá en su última oportunidad histórica por alcanzar la Presidencia de la República y encabezar un proyecto de reconciliación nacional.

En la lucha interna de MORENA, efectivamente, no es Ebrard contra Claudia, sino Ebrard contra el Presidente, a quien le reclama que saque las manos del proceso. Marcelo sabe que todo lo que hace Sheimbaum es con la anuencia de AMLO. Sabe que el derroche monumental de la candidata, los cientos de millones de pesos gastados sin el menor pudor y, por eso, con el cinismo por delante, lo tiene registrado la sociedad mexicana contimás López Obrador, pero su denuncia solo es genérica y se queda en el terreno de la timidez para no desatar la furia de un hombre que todo lo concentra, lo controla y lo decide.

Pero además, Marcelo sabe que los números no le dan y que su denuncia entonces fue demasiado tarde. Una estrategia fallida que quedó en bullanga y evidenció una precampaña indefinida y sin rumbo.

Luego de la declaración tronante de Ebrard vino el posicionamiento de López, quien con la mayor tranquilidad dijo que no pasaba nada, que no habría ruptura y que era «normal» la denuncia, pero que había una instrucción para que no se usara el gobierno y el presupuesto y que ya no hay dedazo. Punto. Eso fue todo y ahí acabó la bronca. Luego Ebrard se perdería en explicaciones solo para reiterarle a AMLO que no habría ruptura.

Que no se haga ilusiones la cómoda oposición que no pasará nada, a pesar de los mil argumentos y pruebas para que la justicia electoral actúe en contra del derroche ofensivo. Ni Marcelo ni Monreal moverán un dedo contra el cochinero. Prefieren avalarlo antes que enfrentarse el poderío férreo del Presidente López Obrador, cuya única oposición legítima en este país se llama sociedad inconforme.
Ni la clase política opositora, mucho menos la clase política oficial están a la altura de una buena parte de la sociedad como nunca indignada.


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